Bajo el estigma del quinto sol I

"Algunos de ustedes quieren ir a casa -dijo- y otros no tienen hogar; algunos son como yo: no pueden volver a casa. Ignacio Parra no la tenía. Él esaba contento con morir. Permaneció en las montañas durante tantos años que ustedes pensarían que olvidó cómo crecían las cosas. Pero no se engañen, era como ustedes, como yo.

Una vez hace mucho tiempo, nos detuvimos en un campo, Nacho y yo, y vimos a un anciano y a su mujer tratar de recolectar su maiz. Nosotros recogimos las mazorcas maduras para ellos y allí permanecimos hasta que las pequeñas mozorcas maduraron y también las recogimos. Por la noche nos sentábamos con la anciana y desgranábamos el maíz y rapábamos las mazorcas. El sol era tan ardiente que quemaba nuestros sombreros, pero Nacho y yo eramos felices. Luego, se recogió todo el maíz y se desgranó; entonces nos sentamos en la casa con las manos vacías hasta que ya no pudimos permanecer allí por más tiempo y tuvimos que marcharnos.

Siempre nos dirigimos a un lugar diferente y, aún cuando nos detuvimos ocasionalmente, nunca plantamos nada ni construimos nada. Ni siquiera llegamos a tener la suerte de las lagartijas, que se meten debajo de la misma roca noche tras noche para dormir.

Ustedes llegaron a nosotros porque pensaron que esta era la forma de hacerce ricos. Han tenido las manos llenas de dinero, pero nunca fueron ricos. Eso es soñar. Nunca fueron ricos, solo soñaban, solo se lo imaginaron.

Si se quedan en las montañas y viven como bandidos el resto de su vida, el único hogar que alguna vez podrán encontrar es el que Ignacio Parra encontró. Y eso no es suficiente: la tumba de un hombre no debería ser su primer hogar. Ahora escúchenme, permítanme decires la verdad. Vayanse a casa. Aprendar a vivr. Vayan a casa. Siembren maíz, busquen una mujer y críen niños. Entonces serán ricos. Vayan a casa. Ése es su lugar. Encuéntrenlo. En estas montañas nada queda, sino penas. Vayan a casa."

Fragmento del libro Bajo el estigma del quinto sol de Earl Shorris, palabras emitidas por Francisco Villa a su grupo de pistoleros en la ladera de una montaña mientras portaba tres cartucheras, dos revólvers y un rifle atravesado en su espalda.

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